La compositora escocesa Emma Pollock nos habla del panorama de la industria de grabación en Reino Unido desde su experiencia en Chem 19, que gestiona junto a su marido, el productor e ingeniero Paul Savage.


No resulta fácil hablar con los responsables de los estudios. Tampoco los británicos. Grabar y producir música es un trabajo exigente y absorbente que no entiende de horarios: Aunque suene contradictorio, hoy se graba y se publica más que nunca (que se venda, es harina de otro costal). La ex de The Delgados y compositora de excelentes discos en solitario, encuentra un hueco para trasladarnos, amablemente, su valiosa experiencia en relación a un estudio que sigue ganando adeptos, y se ha ganado un hueco en la escena escocesa y, por extensión, británica.

¿Cómo han sido los últimos 15 años para los estudios en Reino Unido, y en vuestro caso en particular?
Creo que la experiencia ha sido diferente en cada uno de ellos. Los realmente grandes lo han pasado mal, según los presupuestos de las multinacionales empezaban a desaparecer y los alquileres y la vida subían en diversas ciudades de todo el mundo.
En los más pequeños y manejables, como Chem 19, nos las hemos apañado para mantenernos e incluso crecer. Esto es importante: Tenemos que ser competitivos y mantener una actitud positiva hacia la industria y los músicos, porque de otro modo se hace complicado promover un ambiente creativo. Nosotros seguimos invirtiendo en equipo cada año, nuestros ingenieros trabajan con el mismo entusiasmo con los nuevos artistas, y nuestra reputación crece.

Después de años difíciles para la industria, ¿es cierto que la situación ha mejorado últimamente, como parece desde fuera?
Han abierto algunos nuevos estudios porque los jóvenes ingenieros quieren tener su propio espacio de trabajo. Sin embargo, ahora es un proceso lento, ya que sin el dinero que solía entrar antes es más complicado comprar de una sola vez una mesa de mezclas y el equipo técnico que necesitas. Así que los nuevos tienen que empezar poco a poco e ir comprando equipo según se lo puedan permitir, acumulándolo con los años. Es importante adquirir siempre lo mejor, porque el valor del equipo se mantiene y transmite muy buena impresión a los músicos que barajan diversas opciones locales para grabar.

“Las habilidades para grabar y la experiencia no se pueden comprar”

¿Crees que el estudio profesional es hoy más necesario que nunca, después de años en los que parecía suficiente grabar con equipos pequeños y mucho software?
Sí, creo que esto es así cada vez más. Durante años, muchos músicos jóvenes se gastaban mil o dos mil libras en un interfaz para su ordenador, algún software para grabar y unos cuantos micrófonos baratos. Sólo para darse cuenta de que no había manera de que lo que grababan sonara bien. Las razones son numerosas, por supuesto: Falta de equipo decente y de técnica con la colocación de los micrófonos, falta de micros de alta calidad, y también de un espacio en condiciones para grabar. La fundamental era, por supuesto, que no tenían técnica ni experiencia. Esto es algo que no se puede comprar. Muchas bandas han venido a nuestro estudio con la necesidad de que les “salváramos” sus grabaciones mezclándolas de nuevo, lo cual a veces es duro y complicado. Al final, se acaban dando cuenta de lo complejo que es mezclar, de la variedad de herramientas que se necesitan: Desde una mesa en condiciones a equipo analógico, pero por encima de todo, un ingeniero con experiencia.

Tengo la impresión de que hoy más artistas están volviendo a grabar con las viejas técnicas de estudio, y con equipo antiguo. Y que muchos estudios apuestan por equipo vintage. ¿Es así?
Supongo que estas cosas van y vienen en ciclos. Ahora mismo tenemos una especie de reacción digital -pequeña, pero todavía significativa-. El mundo digital ofrece comodidad, pero hay algo sin alma y transitorio en él que está llevando a mucha gente, músicos y fans, a volver al vinilo, la película de 35 mm, grabar en cinta, etc. para recapturar algo de las maravillas que esos formatos ofrecían. ¿O quizá todo esto es sólo una percepción? Al fin y al cabo somos gente de carne y hueso que vivimos en un mundo todavía fundamentalmente tangible, pero la revolución digital va en contra de ello y, de repente, nos encontramos escuchando música sin la posibilidad de tener entre las manos y leer la portada del disco, o haciendo fotos con el móvil sin valorarlas realmente como antes. Cuando trabajamos con nuestras manos haciendo cosas, interactuamos más con ellas y formamos un vínculo más fuerte. Hacer música es algo muy de emociones, así que no me sorprende para nada que haya más gente moviéndose hacia formas emocionales de grabarla.