El tiempo no deja dudas sobre el lugar de Ramones en la historia del Rock and Roll. Nuevos homenajes llegan en el 40 aniversario de su debut discográfico, “Ramones” (Sire,1976), un disco venerado pero algo fallido en su día, que se mantiene como una obra difícil de clasificar y que no era más que la primera bala de un cargador lleno que situaría a Ramones en la historia en apenas año y medio. Repasamos un disco, un lugar y un momento fundacional en la música popular.


Febrero de 1976. Seymour Stein, cofundador de Sire Records, llega al estudio Plaza Sound, en la séptima planta del Radio City Music Hall de Nueva York, tres horas después de que los Ramones hayan empezado a grabar su primer disco y pregunta: “¿Cómo va todo?”. “No muy bien”, contesta Johnny Ramone, “solo hemos grabado siete canciones”. Lo cuenta Stein con sorna en el documental “The Lifestyles of the Ramones” (1990) para subrayar la inmediatez que caracterizaba a los Ramones y dar cuenta de otros factores que ya definían a la banda en aquel momento clave. Se estaba registrando uno de los discos fundacionales del punk rock entendido como género, un álbum de 14 canciones y 28 minutos que se publicaría dos meses después, el 23 de abril de 1976, hace cuarenta años, firmado por cuatro macarras que llevaban meses tocando sin parar convencidos de tener algo entre manos y que no sospechaban (del todo) lo que sucedería después. Mientras Nueva York celebra estos días el aniversario y el legado de la banda con “Hey Ho, Let´s Go. Ramones and the birth of punk” y se prepara una jugosa reedición, revivimos un disco esencial.

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Nueva York, 1975

Se ha escrito y se ha leído mucho sobre los orígenes del punk y la aparición de los Ramones en Nueva York, la bibliografía y la documentación es extensa, más aún si se pretende bucear en una década sombría para la ciudad y Estados Unidos. Pero la ocasión invita a un breve repaso de fechas, lugares y nombres y ofrece la posibilidad de revisar algunos clichés y descategorizar algunos elementos que el tiempo establece como absolutos. Como recordaba Bed Edmons en la revista MOJO hace diez años: “La sala CBGB no era una escena punk. Al contrario, era parte del underground bohemio de Nueva York. Así que mientras la clase del 75 (Blondie, Television, Talking Heads) compartía con los Ramones la actitud do it yourself, no eran grupos que intentaran reflejarse en su público de la forma en que los cuatro de Forest Hills lo hacían”.

¿Ante qué tendencia y qué espíritu dominante en Nueva York aparece el primer disco de los Ramones? Servando Rocha, escritor y editor de La Felguera, especialista en movimientos underground, de contracultura y de vanguardia en Estados Unidos, además de miembro de los hoy finiquitados Muletrain, una de las bandas de punk rock más abrasivas que hemos conocido en España, habla de fronteras difusas. “En Nueva York existía un fuerte componente artístico, porque era inevitable. La ciudad había sido foco de la vanguardia durante la década anterior a la aparición de Ramones. Sin embargo, creo que ellos fueron un fenómeno honesto y poco premeditado, lejos del ‘plan’ que suelen tener muchos movimientos de vanguardia. La categorización en el arte vino más tarde, como suele ser casi siempre. Es complicado definir las fronteras entre la escena bohemia de Nueva York, todavía influenciada por el final del sueño hippie, y la nueva ola. Todo creo que se mezcla y confunde, es gente buscando un foco de luz, intercambiando trucos y experiencias. Son los historiadores los que suelen tener la perversión y tentación de establecer un final y un principio para aquellos movimientos que investigan”.

Es cierto que Estados Unidos, metido en una notable crisis en mitad de los setenta tras el descalabro de Vietnam, Watergate y la crisis del petróleo de 1973, vive momentos agrios y Nueva York es una “ciudad en llamas”, si tomamos prestado el título de la última gran novela sobre la ciudad, centrada precisamente en esa década, que la crítica ha acogido con indisimulado entusiasmo (Garth Risk Hallberg). Si en Hollywood una nueva generación de directores sigue dando golpes en la mesa con películas como “Easy Rider” (Dennis Hopper, 1969), “El Padrino I y II” (Francis Ford Coppola, 1972/1974) y pronto “Taxi Driver” (Martin Scorsese, 1976), en el underground de Nueva York también se cuecen agitaciones ante una ciudad que vive cerca de la bancarrota en 1975.

En otro de los probables clichés, los cuatro veinteañeros que forman Ramones, Jeffrey Hyman (Joey), John Cummings (Johnny), Douglas Colvin (Dee Dee) y Thomas Erdelyi (Tommy) han sido generalmente caracterizados como “delincuentes de Queens”, pero siempre ha parecido un punto exagerado, como si fuera un aspecto que conviene mejor al relato (la palabra “macarra”, aunque rebaje el nivel respecto a “delincuente”, aparece en la entrada de este texto). Forest Hills se describe como un barrio de clase media con bloques de pisos, parques, pistas de básquet, etc. Eran jóvenes que amaban la música de los sesenta, con frustraciones comunes e individuales pero no parecían vivir en un lugar infernal y no acumulan antecedentes policiales. Solo Dee Dee parece tener un problema con las drogas. Johnny trabaja, se ha comprado un coche e incluso se casa pronto. Un americano fervoroso y patriota, como luego sabremos.

“Tendemos a sublimar el aspecto peligroso en nuestros héroes culturales”, afirma Rocha, “pero es cierto que toda Nueva York vive en una situación muy especial. Están pasando muchas cosas, como el intento de las bandas callejeras de firmar treguas, el inicio de lo que luego se conoció como el rap, las fiestas en descampados, las ocupaciones de bloques. En medio de ese caos surgían posibilidades. En el imaginario de entonces la palabra recurrente o una de tantas era la de “jungla”. El rock and roll, por ejemplo, se asocia con la noche y esta, a su vez, con lo peligroso. No dejaban de ser como tantos otros jóvenes de aquellos años. Muchas veces nos hacemos estas preguntas, pero posiblemente en caso de estar ahí iríamos de cabeza a aquella escena, porque ¿dónde si no podríamos estar?”.

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