Una de las imágenes más singulares de esta edición ha sido la de un cantante mariachi galopando en su caballo, feliz, mientras atraviesa un puente de la ciudad mejicana de Guadalajara. Es el final épico, con v de Victoria, de Jaime García Domínguez, el protagonista de “El Charro de Toluquilla”, que tiene que convivir con el virus del SIDA, un plan de vida gamberro y el cuidado de su padre, enfermo, en una humilde aldea donde compiten el fervor católico y el imaginario pistolero de Pancho Villa. Esta biografía tragicómica se llevó la Mención Especial del Jurado en la décima edición del festival Dock of The Bay.

El festival ha contado con otros antihéroes que de una u otra manera han sido reconocidos. “Geometría del Esplendor” (Premio SADE) nos descubre la fascinante historia del grupo industrial Esplendor Geométrico, surgido de las cenizas de Aviador Dro, y exponente de la cara B de La Movida, marginal, radical y hasta ninguneada. Los entrevistados no dan puntada sin hilo y construyen un riquísimo debate sobre la libertad creativa, la pugna amateur/profesional y qué es y qué no es música. Sin duda, una de las grandes películas de esta edición.

Ya sabemos que la historia de Sid Vicious y Nancy Sprungen acaba mal, muy mal. El bajista de los Sex Pistols muere de sobredosis con la sombra de haber sido el principal sospechoso de haber apuñalado a su novia, Nancy, en el hotel Chealse de Nueva York. “Sad Vacation” narra con audacia este hecho luctuoso, recompone (o deconstruye) el puzzle del relato y huye del acartonado documental musical. La película de Danny García se llevó el Premio a Mejor Documental y cuenta con los testimonios de Huey Morgan (Fun Loving Criminals), Bob Gruen, Howie Pyro (D-Generation, Danzig), Roadent (Sex Pistols roadie y confidente) y Sylvain Sylvain (New York Dolls), entre otros. Casi nada. Por su parte, el nuevo Premio de la Diputación de Gipuzkoa se lo llevó “When the earth seems to be light”, sobre unos jóvenes skaters en la exrepública soviética de Georgia.

Fuera de la sección oficial, triunfaron, como era de esperar, los grandes nombres del rock (Rolling Stones, Dylan, The Who y Leonard Cohen y su “Bird on a Wire”, Premio del Público), pero la gran sorpresa la dio un tipo entrañable y adorable como un peluche de feria conocido como Thor. Su misión en la vida es la siguiente: ser tan grande como Kiss, Led Zepellin y los dioses del heavy metal juntos. “I am Thor” es el increíble recorrido de un culturista canadiense metido a extravagante músico hard-rock desde los años 70 hasta nuestros días. 40 años de mala pata, honestidad brutal, risa, apología kitsch, caída libre y reparación parcial de los daños causados. Como dijo Marcelino Camacho antes de morir: “Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante”. Ése es Thor.