Mahou ha tenido la idea de sacar a los músicos de los grandes festivales (esos con escenarios de siete metros de altura, seguratas mazados de por medio y en los que te tienes que codear junto a una marabunta de miles de personas probablemente en un estado de peligrosa ebriedad) para meterlos en salas medianas a pie de pista donde el público, sentado tranquilamente en sillas y mesas, pueda disfrutar de la música de sus artistas favoritos en un ambiente completamente íntimo y relajado. La iniciativa se llama Cómplices y lleva un tiempo de recorrido por el que han pasado bandas como Drexler, Dani Martín, Loquillo, M Clan, etcétera.

“La idea es que el espectador tenga la sensación de estar tomándose unas cañas con el artista”, comenta Cristian, uno de los impulsores de Cómplices. “Nos gusta tratar bien a los artistas y que la gente salga del concierto maravillada”, matiza Denisse otra integrante del equipo de Mahou.

Cuando llegamos al Espacio Estilo los operarios están terminando de colocar toda la ambientación del ciclo. Más tarde, a las tres de la madrugada, con todo desmontado el lugar parecerá uno de esos sitios a los que no entraría ni muerto. Sin duda, la labor de los decoradores merece, por lo menos, un aplauso. Sidonie están terminando la prueba de sonido y los León Benavente están sentados en una de las mesas y sillas rústicas que se han colocado en la pista, visiblemente cansados del ajetreo que llevan encima. Si no calculo mal, apenas doce horas antes estaban en Santiago de Chile, o por lo menos sobrevolando el Atlántico. En Oviedo son las siete de la tarde pero fácilmente en el reloj interno de León Benavente pueden ser las dos de la mañana, las once de la noche o las tres de la tarde. A saber.

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Les pregunto a León Benavente por “Habitación 615”, que, más o menos, habla de este ajetreo desenfrenado al que la banda se ve expuesta últimamente. “Sí, bueno, no sólo habla de eso (se refiere a las palizas trasanlánticas), sino un poco de todo lo que llevamos vivido últimamente. Lo de que la canción esté ambientada en una visita a Latinoamérica es un pretexto”. Me cuenta Abraham en el camerino, durante la entrevista que tenemos concertada. Luis y César (guitarra y batería, respectivamente) le flanquean en el sofá. Los tres están tan abatidos que parecen chavales a los que han castigado sin recreo. “Nos consideramos muy afortunados de poder ir hasta allí… aquí más o menos hemos hecho un trabajo que cosecha resultados, y poder ir a Latinoamérica es tremendo”, matiza Abraham.

Les pregunto por el segundo disco, “II”, que salió este año y que es el motivo de tanto revuelo. “Bueno, yo creo que la recepción del disco ha sido bastante positiva”, dice Luis. “De hecho el disco salió en abril y desde entonces hemos estado de gira, sin descanso… eso es síntoma de que por lo menos a la gente le gusta y hay un interés por parte de la gente”. Respecto al sonido, que (comparándolo con la primera entrega, “León Benavente”) parece más cerca de “Ser Brigada” que de “Ánimo, valiente”, César añade: “Sí, bueno, el anterior era el primer disco, nunca habíamos grabado juntos, teníamos muy poco tiempo… en este segundo disco ya había un bagaje de 150 conciertos a nuestras espaldas y eso se refleja en el disco y en su sonido. Teníamos claro que no queríamos repetir lo mismo que en el primer disco, y darle otro matiz… hay gente que nos dice que lo ve un poco más electrónico. Al final buscábamos divertirnos otra vez sin repetirnos”.

Otra cosa que me llamó la atención de las letras de León Benavente es que se habla mucho de España desde el desencanto. “Sí, hay desencanto, es lo que vivimos. Aunque al final las canciones no dejan de tratar de temas universales: seres humanos y la situación que les rodea”. Cuenta Abraham. “Nuestra intención, desde una voz crítica, es hacer canciones universales y que no se queden ancladas en un espacio-tiempo concreto”.

Dos horas más tarde, cuando León Benavente se suben al escenario, la macro terracita de la pista que ha montado Mahou en el Espacio Estilo está de lleno completo. Se habían vendido todas las entradas e incluso hay gente que se ha quedado de pie al fondo de la sala. Con “Animo, Valiente”, comienza el set. La gente corea, se sabe las letras, pero todo esto mientras están tranquilamente sentados tomándose una cerveza. Es curioso: se trata de una mezcla entre la energía de un festival, con la banda en directo tocando y la gente disfrutando plenamente; pero mezclado con la sensación de estar tomándote unas cañas en un bar cuando pinchan tu canción favorita. Curioso, cuanto menos.

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Le siguen otros consabidos hits de la banda de la talla de “Tipo D” (sólo escuchar el órgano de la intro ya despierta ovaciones), “California”, “Revolución” o “La Ribera”. Como no, cierran con la soberbia “Ser Brigada” en la que incluso parte del público se pone en pie para bailar y cantar el tema. El cansancio que deben llevar León Benavente a las espaldas tras el trajín transoceánico apenas se nota. Buenas vibras tras su actuación, en mi por lo menos despiertan el deseo de verles en otro contexto, en uno de esos bolos de sudor, acción y más volumen.

Sidonie deben de estar hasta la coronilla de que les pregunten por qué han titulado a su último disco “El peor grupo del mundo”, así que decido pasar esa pregunta por alto. Marc y Jesús se ríen y resoplan. “¡Anda!”, bromean. Sin embargo, hay algo en la letra del tema homónimo, que da pistas sobre lo que debió de ser Sidonie cuando empezaron. O, por lo menos, un calco del grupo de mierda con el que todo el mundo empieza sus primeros ensayos. “Es inevitable que haya algo autobiográfico, habla de cualquier grupo que empieza en el local de ensayo destrozando canciones”, dice Axel. Marc va más allá: “En nuestro caso la canción que destrozamos fue ‘Peace Frog’, del ‘Morrison Hotel’”. Como reza la canción de los Sidonie, “una de los Doors”.

Sin duda, Sidonie es uno de los grupos con más trayectoria del actual elenco festivalero español, así que les pregunto que qué tal se siente con el paso de los años. ¿Pesan? ¿Favorecen? “En realidad no tenemos tiempo de pensarlo o hablarlo… salvo a veces cuando nos emborrachamos por la noche, que nos abrazamos y es como… ¡Ostia puta!”, cuenta Marc, sonriente. “Aunque generalmente no te pones a pensar en lo que está pasando, normalmente sigues trabajando, porque afortunadamente seguimos trabajando de esto. Es verdad que no sabía dónde iba a estar a los 35, ahora no me puedo imaginar que siga aquí tocando la guitarra. Ahora es como que me he relajado y he empezado a disfrutar de donde estamos”. Axel se pone más serio, pero es igualmente optimista y está contento de la trayectoria de la banda: “Cada uno de los años que han pasado desde que empezamos ha servido para mejorar. Y cuando hecho la vista atrás y veo que hemos trabajado muchísimo e intentar que no perder la frescura y nuestra actitud”.

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Otra pregunta de la que Sidonie debe de estar hasta la gorra es esa pequeña pulla a Jota de Los Planetas en el single de “Carreteras infinitas”. Jesús se lo toma con humor. “Admiramos a Jota y Los Planetas es un grupo que nos encanta. Ahí decimos Jota de Los Planetas, como podríamos hablar de Izal, Supersubmarina o Lori Meyers”. Lo que está claro es que “Carreteras infinitas” es una oda al circuito y estilo de vida festivalero de la escena mainstream nacional. “Yo creo que hemos pasado de llamarle escena, donde hay un montón de grupos por separado a llamarse ‘El pop español’ en general” Cuenta Marc. “Antes en las bandas había quizás un poco de recelo, y hoy en día las relaciones entre los grupos es maravillosa, hay una amistad muy bonita entre todos”.

 Cuando Sidonie se suben tras los cinco minutos de break para cambiar el backline de León Benavente por el suyo; juegan a favor: el público ya está caliente. Y, sobre todo, expectante, los hay que ni siquiera se llegan a sentar. Los barceloneses abren con “Carreteras infinitas” el bolo, y ya tienen al público coreando las letras de un tema que estrenaron apenas hace dos meses. Supongo que es ahí donde está la prueba irrefutable de esa consagración de la que hablaba Axel: hacer un sold-out a tres meses de estrenar disco y que la gente ya se sepa las letras.

Como no podía ser de otra forma, le sigue “El peor grupo del mundo”, con un final improvisado homenajeando al pop español, con Marc concatenando grupos en la coletilla final, citando a Izal, Supersubmarina, Lori Meyers, León Benavente, Nacho Vegas, etcétera. Mientras tanto, el público aplaude, secunda la moción. Se suman sin parar las referencias del nuevo trabajo de la banda: “Siglo XX”, “Os queremos”, etcétera. Para “No sé dibujar un perro” el grupo se ha preparado unos cartelillos con la letra. Preguntan al público quién quiere ayudar a desplegar las cartelas y no tardan ni unos segundos en tener a dos candidatas subidas al escenario. Estas despliegan las letras al ritmo de la canción para el karaoke. A todo esto, el público sigue en pie, son pocos los que quedan sentados en las sillas.

En algún punto Marc hace un breve parón para hablar de Freddy Mercury. Entonces se baja del escenario y el roadie de la banda le coge a hombros. Con el micrófono inalámbrico y Axel y Jesús en la pista, se dan un garbeo a lo largo y ancho de la sala, convirtiendo lo que ya de por si era un concierto animado en un auténtico guateque. Con temas como “Incendio” o “Día de mierda” el público estala en vítores y coros. Al acabar el concierto Sidonie han demostrado por qué son uno de los grupos cabeza de cartel del festivalario nacional.

Pero la noche no acaba ahí. Cuando parecía que no iba a haber más, León Benavente suben de nuevo al escenario para que ambas bandas se toquen un par de temas juntos de nuevo. Un bis realmente esperado que ambos conjuntos deciden cerrar con un tema de Ilegales. “Este tema es para alguien que rechazó nuestra invitación para venir esta noche”, deja caer Abraham antes de empezar “Europa ha muerto”. Y así acaba todo.

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