Del 18 al 25 de octubre Quentin Gas y Los Zíngaros visitaron Marruecos en una gira que les llevó por seis ciudades del país vecino. Si la propuesta de los sevillanos ya es singular, imaginense en el contexto del país africano. Una experiencia en todos los sentidos que ellos mismos nos han narrado en un diario de gira especial para MondoSonoro.

LA CARAVANA PARTE DE SEVILLA. LOS CABALLOS DE DIOS.

Están pasando cosas. Han pasado cosas y por desgracia, seguirán pasando cosas. Por eso el nerviosismo era latente. Si sumanos que es mi primera vez en Marruecos, en el continente africano si me apuras, y el reciente visionado de la película Los caballos de Dios, el nerviosismo era cuasi lógico. Pero tenemos nuestro humor, característica fundamental para sobrevivir en este mundo, y ya en el AVE Sevilla – Madrid brindamos haciendo chistes, con lo que será, probablemente, nuestra última vez en nueve dias, con cerveza Cruzcampo. Nueve días y seis ciudades (Rabat, Casablanca, Marrakech, Fez, Tetuan y Tanger) es lo que durará nuestra gira por Marruecos organizada por Instituto Cervantes con la ayuda de AIE. Una aventura por el país más occidentalizado de África donde hasta la todopoderosa Ikea tiene sede y Shakira corona y reviste los autobuses.

RABAT

Antes, en el aeropuerto de Madrid, nos espera nuestro manager Jose Gallardo para asegurarse que todo está bien y desearnos suerte. Gracias amigo. Para llegar a Rabat, primero tuvimos que aterrizar en el aeropuerto internacional de Casablanca y una vez allí, buscar al que iba a ser nuestro hombre de confianza y chofer, quien nos llevaría en furgoneta hasta nuestro hotel. Tras unos minutos de incertidumbre e incesantes peticiones de taxistas, por fin lo encontramos y pudimos resoplar de alivio. Nos dirijimos a la furgoneta cargando con nuestras maletas e instrumentos cuando averiguamos que nuestro chófer llamado Mohamed no hablaba nada castellano, solo árabe y francés. Todo un hándicap que serviría para rescatar nuestro oxidado francés de instituto. Ya en la carretera, nuestro amigo nos amenizó con música árabe mezclada con pop sacada de los peores 40 Principales y encima a todo volumen. Bienvenidos a Marruecos. Llegamos sanos, salvos y muertos de cansancio. Un día entero de viaje. Solo cabe descansar en nuestra gran y espléndida cama de hotel.


No hay nada mejor para relajarse que un buffet libre en el desayuno. Uno ve el mundo diferente con el estomago lleno. Y con música, bendita música. Y aquí está Jose y la casualidad de haber un piano de pared en el restaurante del hotel. Nos toca canciones de los Beatles y recuperamos un poco de occidente. Pero solo muy poco porque acto seguido nos impregnamos en el antiguo oriente de la Medina. Andamos por sus calles y monumentos de siglos pasados que parecia que estaban esperando a ser descubiertos por nosotros. Para aligerar esto, voy a saltar en el tiempo hasta llegar la hora del concierto. En el cartel pone en grande FLAMENCO, así que era lógico que cuando empezamos con lo nuestro, con la psicodelia, algunas personas del respetado público se levantara de las sillas y abandonara el recinto. Ahora eso si, las personas que se quedaron, que fueron los que mas, agradecieron enormemente nuestra particular propuesta, como más tarde nos lo expresaron. Primer show superado con éxito. O quizás con cierto éxito, como cuando pierdes la virginidad y piensas que ha sido la mejor experiencia de tu vida pero que con el tiempo te das cuenta que tampoco fue para tanto. Pero eso te lo cuento después.


CASABLANCA

Nada más entrar en Casablanca pudimos comprobar que es la ciudad más grande y poblada de Marruecos. Empresas internacionales a ambos lados de la carretera y coches caros sobre ella. Nuestro amigo Mohamed nos sigue enseñando cómo se debe conducir por estas tierras si es que quieres sobrevivir: claxon y berborrea. Esta vez no vamos a ninguna Medina ni vemos ningún monumento, el tiempo apremia. Ni tan si quiera vemos a Rick Blaine por sus calles. Bueno, más que nada porque la Casablanca de Bogart es muy diferente a la de ahora. Ya no hay nazis ni militares franceses jugando a los espías en los garitos de moda. Así que vayamos a lo importante, nuestro mágico concierto en el Instituto Cervantes. Y digo mágico porque hubo magia, hubo duende cómo dicen los flamencos. No siempre pasa ni mucho menos, pero esa noche pasó algo que nunca olvidaremos. Uno de los shows mas especiales que la banda hemos interpretado desde que empezará esta gira Caravana allá en enero de este año. Un público entregadisimo con muchas ganas de descubrir algo nuevo, dejándonos abiertas las puertas de sus mentes para que pudiéramos entrar y perpetrar una comunión de psicodelia y flamenco. Sus aplausos en mitad de las canciones, sus caras, sus bailes sentados en las sillas, sus smartphones haciéndonos vídeos, lo decían todo. El concierto casi va llegando a su fin, la banda exhausta, tenemos fuerzas para una más y cerramos con Deserto Rosso y la posesión que mi madre Concha Vargas me hizo al final del show. Batería por bulerias, loop de voces por martinete y yo bailando sin haber bailado en mis 35 años de vida.

MARRAKECH

De camino a nuestro nuevo destino, obtuvimos nuestra venganza musical. Esta vez nos hicimos con el control de la radio de la furgoneta y nuestro amigo Mohamed tuvo que oír todo lo que íbamos poniendo. Empezamos con Camarón, pasando por Pájaro y terminando con King Gizzard. Todo le gustaba y nos lo hacía saber con bailecitos. Es buen melomano nuestro amigo. Kilómetros antes de llegar a Marrakech atravesamos un gran desierto, no de dunas y camellos, solo un paraje sin vida, sin construcciones, solo montañas y aire caliente. Y por fin, empezamos a divisar la preciosa y espectacular Marrakech y su peculiarisima urbanización; todos los edificios pintados de rojo Marrakech. Ese detalle ya te maravilla y si encima oberservas un poco mejor la arquitectura, te encandila y te enamoras. Nos recibe en el hotel, Yolanda, directora del instituto Cervantes de Marrakech que nos esperaba para invitarnos a almorzar, todo un detalle que siempre recordaremos. No me extenderé mucho, solo decir que es una señora muy interesante y culta con toda una vida dedicada a difundir la cultura, y eso para nosotros los músicos es muy importante. Hotel, ducha, redes sociales y para el teatro. Intuimos, no sabemos porqué, que no habrá tanto público como ayer en Casablanca. Salimos al escenario y efectivamente nuestra intuición no falla, pero el primer aplauso de salida suena igual o más fuerte que ayer así que nos quedamos más tranquilos. Se puede decir que la actuación es un calco que la de la noche anterior. Intentamos imitarnos a nosotros mismos porque sabemos que tuvimos éxito con esa fórmula. Ya no hay improvisación, no hay magia, pero sale todo mejor, más medido, sabiendo donde va cada cosa. Pero eso, este público no lo sabe, no lo vieron ayer y volvimos a ver las caras de asombro y las muestras de satisfacción y acierto en su decisión de ir a un concierto de una banda que no conocen de nada. Se acaba el concierto. Yolanda nos da la enhorabuena. Nos dice que hemos superado la media de público que asiste a estos eventos. Nos habla del futuro. Mientras, vivimos el presente en una gira que ya nos está marcando.

FEZ

Un viaje en carretera de siete horas siempre es jodido, y si le sumas cuatro días de calor marroquí y tres conciertos consecutivos dándolo absolutamente todo, el viaje se te hace pesadísimo y eterno. Pero dentro de nuestros cerebros desquiciados se encontraba un oasis. Ese oasis se llama Hotel Barceló Fez Medina. El pensamiento de estar todo un día entero, el domingo, de descanso en ese paraíso, junto a los bailes de nuestro amigo Mohamed, hizo que el viaje solo se quedara en una mera anécdota sin importancia en nuestra aventura. Pero como todo llega a su fin, llegamos al hotel y llegó el momento de despedirnos de nuestro alegre amigo. Su trabajo terminaba en Fez, ya le tocaba ir con su familia. Abrazos emotivos. Hasta siempre.

Al día siguiente, domingo, contratamos a un guía para que nos introdujera en el mayor laberinto del mundo, la medina de Fez, la más antigua del planeta. Un sin fin de calles estrechas, oscuras y entrelazadas repletas de puestos. Podías comprar todo lo que tu imaginación te permitiese. Cualquier cosa, literalmente. Y por supuesto, sucumbimos. Experimentamos cómo el tiempo se había detenido en ese lugar. Dan igual los avances tecnológicos y sociales. Los problemas del primer mundo suenan ridículos dentro de ese microcosmos. Comemos Tajine de pollo y de verduras, cus cus, brochetas y té. Siempre recordaremos estos manjares. Tocaba vuelta al hotel y descansar pero de verdad. Tenderse en una cama sin hacer absolutamente nada excepto cerrar los ojos y acordarte, en mi caso, de mi familia y de mi novia Nuria. Demasiados días sin ella.

Lo que aconteció al día siguiente ya está en nuestro personal libro de historia de la banda. Concierto inolvidable. El lugar, el Instituto Francés, situado en Dar Batha (Casa de Cultura) dentro del laberinto de la Medina de Fez, lo hacía único e irrepetible. Y cuando sales al escenario, saludas y te das cuenta que está abarrotado, sientes que algo grande va a ocurrir. Recuerdo estar tocando, cantando, mirar alrededor y hacerte la misma pregunta: “¿De verdad estoy aquí? Era una sensación muy extraña a la vez que emocionante. Las caras de placer de Jorge y Scott eran el fiel reflejo de lo que estaba pasando. El aplauso final se alargó y alargó y sonaba tan fuerte que pensaba que nunca terminaría. Como cada concierto de esta gira, nos fuimos cantando, a capella, Caravana II, eso de “ya se van los gitanos por los caminos” hasta llegar a la calle. Allí le dimos la mano a absolutamente todo el público que fueron saliendo poco a poco, con nuestras sonrisas de satisfacción por un trabajo bien hecho. Concierto irrepetible. Tijane,  nuestra persona de confianza y la organizadora de toda la gira estaba emocionada por todo lo vivido. Nos lo quiso agradecer llevándonos a cenar al lugar más espectacular que jamás ninguno de nosotros hemos estado. Gracias amiga, gracias por todo, de corazón.

TETUAN

Cambio de chófer y cambio de ciudad. Le toca el turno a la norteña Tetuan. El viento frío ya se hace notar. El viaje ha sido largo, lo justo como para llegar algo cansados y encima sin apenas tiempo para descansar antes de ir a la prueba de sonido de nuestro penúltimo show marroquí. Llegamos al gran teatro Attakafa, sin duda, el sitio más grande de esta gira, con capacidad de 500 personas. Toda una hilera de butacas interminable. Por supuesto no las llenamos todas pero pudimos contar unas doscientas, lo que nos pareció una locura para tratarse de una banda de rock desconocida. Es increíble como entrar en trance encima de un escenario te hace olvidar el cansancio acumulado y las ganas de estar ya en casa. Porque no sólo dimos un buen concierto si no que está entre los tres mejores conciertos de este tour. La principales razones fueron un público entregadísimo y el magnífico sistema de monitores del teatro. Fue probablemente el concierto que mejor nos escuchamos. Lola y Paquita de Instituto Cervantes estaban encantadas con nosotros, así qué nos invitaron a cenar a la Casa de España y comimos tortilla de patatas, pescao frito y cerveza. Era como estar en casa pero no, era una espejismo, aún nos quedaba el último tramo de nuestra aventura.

 TANGER

Se cumplen nueve días desde que aterrizamos en el continente africano y parece que llevemos meses recorriendolo. Nos fascina la experiencia y nos encanta sentirnos músicos profesionales que realmente se ganan la vida con su arte. De Tetuan a Tanger solo hay 50 minutos pero nos da tiempo de recordar anécdotas y también sobre la vida que tenemos que continuar cuando lleguemos a Sevilla, conciertos inmediatos y planes de futuro. Hemos estado viviendo en una burbuja pero queda poco para salir. Nuestro último concierto es en Instituto Severo Ochoa y es eso, un instituto de enseñanza secundaria donde en su interior alberga un magnífico teatro de butacas rojas e inmenso escenario. Es curioso como a medida que el cansancio avanza nos surgen los mejores sitios para tocar, técnicamente hablando. Durante la actuación, tengo la sensación de que es el público más duro de toda la gira. Cuesta arrancarles un aplauso a destiempo. Por las luces, no veo las caras de la gente, eso me pone nervioso, no se como están reaccionando a nuestra locura de ahora es rock y después es flamenco. Pero nosotros seguimos, repetimos lo que llevamos haciendo estos días atrás. Exhaustos, sudorosos, cansados, felices, ilusionados y vivos, terminamos. Y por fin el aplauso. El gran aplauso. No era duro sino respetuoso. La gente de pie. Saludamos. Nos bajamos y cantamos a capella. Iba a ser la última vez. Tenía que darlo todo. Empiezo con un tono muy alto y me desgarro. Estoy sufriendo mucho en ese tono, ya no puedo parar y volver atrás, exactamente igual que la tribu de Punjab siglos antes. Se fueron por los caminos y ya no volvieron jamás. Nuestra aventura había acabado. Solo falta ir al aeropuerto al día siguiente y coger un avión. No es nada interesante, por eso me salto esa parte.

Quiero terminar con la reflexión que tuvimos. Este viaje ha servido para muchas pero resaltaría el hecho de llegar a la conclusión de que todos tenemos fe en esta banda, en este proyecto, en esta visión musical y que vamos a luchar, a trabajar duro para que poco a poco, más gente sepa que existimos y así nosotros vivir o más bien sobrevivir de nuestra vocación. Estoy todavía en Marruecos pero mi mente está en nuestro próximo disco que saldrá en 2018. ¿Sabíais que la NASA hace unos años recogió el sonido de algunos astros de nuestro sistema solar a través de ondas electromagnéticas? ¿Qué pasaría si se mezclaran esos sonidos con música? Nosotros ya lo sabemos, porque tenemos el disco compuesto. ¿Regresaremos a tierras moras para presentarlo? Voy a jugármela. Voy a apostar que sí.