Concierto de SONAR / Festival en Sala Fira de Barcelona Gran Via 2 L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona) | Mondosonoro.com
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SONAR / Festival

Sónar 2013, batiendo récords

Redactor Lluís S. Ceprián

Fotógrafo Hara Amorós

Fecha del evento viernes, 14 de junio de 2013

Sala Fira de Barcelona Gran Via 2

Ciudad L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona)

País España

Promotor Advanced Music


Acabó una nueva edición de Sónar, pero no fue una edición más, sino que fue la que sirvió para dar un gran paso adelante en cuanto a crecimiento. El traslado del evento diurno a las instalaciones de la Fira de Montjuïc ha sido todo un acierto, primero por su disposición dentro del entramado urbanístico en una zona mucho más oxigenada, y segundo por la infraestructura aportada por un espacio preparado para este tipo de eventos. El festival sin duda sigue su carrera hacia la perfección. Pero todavía hay cosas por mejorar, como las colas de la cita nocturna (hay que acabar con las esperas en barras y lavabos). El nuevo acceso también dio problemas, siendo insuficiente en los momentos clave previo a las actuaciones de los cabezas de cartel. Pero yendo a lo que dieron de sí los conciertos empezaremos por la jornada inaugural.

La edición 2013 de Sónar inauguraba el jueves su espacioso nuevo emplazamiento diurno en Fira de Barcelona, orillado por la vegetación de Montjuïc. El primer triunfo se lo adjudicó el local Wooky haciendo acrobacias del IDM al dub en su puesta de largo con visuales de Videocratz en el nuevo Complex. También C. Tangana, del colectivo Agorazein, presentaba con nota su rap mediterráneo valientemente delicado, pero en un Dome que no se poblaría de los habituales guiris descalzos y muecas felizmente descontroladas hasta el minimal crujiente y remachado con bombo de Cassegrain.

En el Village, el público se repartía entre las sombras atestadas y la parrilla tosta-guiris pasando de los contagiosos ritmo y sonrisa de la barcelonesa Tutu a un Fantastic Mr. Fox repeinado, que sufriendo el calor se concentraba en un techno de pausada psicodelia dejando la fiesta para un Gluteus Maximus, rebozado en housete sudoroso que se ganaba a su público con "Love Is In The Air". En el Dome, entre el saxo y el teclado, Joni Tenor apadrinaba con tal potencia el funky de Jesse que hacían sudar literalmente el techo, lo que haría aún más decepcionamente el sonido emborronado del rapper intelectual Oddissee con y su entregada banda, cual The Roots principiantes. El que sonó como quiso fue Gold Panda con una excelente sesión más abstracta y dura de lo esperado que no se lo puso fácil al público más fiestero del Village. Parte de la audiencia prefería vislumbrar en el Hall a los Liars post-post-punk, que ahora defienden un sombrío rock minimalista de beat sostenido, entre el melodrama y lo industrial. Uno de los momentos más esperados llegaba al Complex con la actuación de Francesco Tristano, enfant terrible y prodigio del piano, que empezó con la exigencia de un Steve Reich y rozó el ritmo infeccioso de un Stevie Wonder, pero enseguida se vendió a las ganas de jarana de parte del respetable, soltando bombo machacón por el ordenador y centrándose en los sonidos más verbeneros de sus tres teclados a los que, eso sí, domaba como ya le habría gustado a Nacho Cano. Quien parecía una versión viejuna de aquel ídolo pop era Karl Hyde, mitad de los míticos Underworld, acompañando de una magnífica banda con los que armó un show armoniosamente angélico en el Hall, afectado por ramalazos de diva bienintencionada, pero salvado por un final apoteósico versionando "8 Ball", la hipnótica aportación al soundtrack de "The Beach" de su banda principal (a la que no quiso nombrar).
Lástima que no lo disfrutaran más de un centenar de personas, con el gentío entregado a los elegantes hitazos veraniegos en el cierre del Village con Lindstrom & Todd Terje, que saldrían a hombros echando el cierre con un efectista y efectivo “I Wanna Dance with Somebody" de Whitney Houston. Carlos G. Vela

El jueves nos sentimos como un niño con zapatos nuevos cuando pisamos las recién estrenadas instalaciones. Ciertamente nos desapareció la nostalgia del Sónar de Día en el centro de la ciudad en apenas unos minutos al estar en un nuevo espacio mucho más amplio y sin duda, mejor acondicionado. Tras unos instantes para reprogramar el mapa de la disposición de los escenarios en el cerebro corrí para ver a Liars en el escenario SonarHall donde venían a presentar “WIXIW”, su trabajo más electrónico hasta la fecha. El trío comandado por Angus Andrew consiguió llevarse el gato al agua del día en prácticamente una hora de oscuridad e introspección. Luego me decidí por Ulf Eriksson. De nuevo bajo el paraguas de la Red Bull Music Academy, el escenario Sonardôme dio cabida a las propuestas de baile que se encuentran en el extremo menos previsible y comercial. El sueco no defraudó a nadie apostando por una combinación audaz de techno y house clásico, eso sí, ejecutado bajo su prisma escandinavo, mucho más gélido y sintético. Dominó a la audiencia gracias al lanzamiento de hits rompe-caderas como el himno nu disko “Oh Jabba” de Ob Ignitt.
De camino al SonarComplex paré un momento a ver la propuesta freak de Sebastien Tellier, y lo cierto es que me alegré de no haberlo escogido como opción para cubrir, así que aceleré el paso para no quedarme fuera del Auditorio donde Francesco Tristano iba a ofrecer su espectáculo “Piano 2.0”. Llegué a tiempo antes de que se abarrotase. En medio de la obscuridad, Tristano inició su set con divagaciones más contemporáneas y sesudas, pero luego pasó a la extravagancia trasnochada con bases de baile. Fue muy variado, con dejes techno, otros más house y alguno incluso de electropop. El momento álgido lo consiguió cuando interpretó el clásico house de Rhythm Is Rhythm “Strings Of Life”.

Lo de Za! al día siguiente volvió a ser un agradable delirio. Sin duda su propuesta en directo es una de las más originales de todo nuestro panorama. El dúo conformado por Papa duPau y Spazzfrica Ehd sorprendió nuevamente desde el principio, cuando empezaron su concierto apareciendo por el lateral de la sala tocando trompeta uno y golpeando baquetas por donde pudiera el otro. De ahí pasé a DZA, todo un contraste en forma de bajos gordos mezclando todo tipo de recursos provenientes de cualquier extremo de la electrónica. El ruso convenció al poco público que a esas horas rondaba por allí.

Christeene
brindó un espectáculo cargado de provocación y canallesca gay. Ataviado con vestuario íntimo mínimo -bragas altas “ella” y slips apretados los dos bailarines de dudosa figura que la acompañaban, arremetió con rimas cargadas de veneno, y hay que reconocer que más allá del espectáculo también cuentan con algún tema demoledor, como “Fix My Dick”. Sin duda fue el concierto en el que se avistaron más bocas abiertas. Mientras tanto Sisý Ey en el SonarVillage fueron la primera propuesta decididamente bailonga de la jornada. Chris Carlson ofreció experimentación con pedigrí. Sirviéndose de una interface inventada por él mismo, fue capaz de crear paisajes sonoros hasta ahora nunca oídos mediante la combinación de micro-ruidos.

Por la noche, los ingleses Raime volvían a Barcelona después de su paso por el festival MicroMutek hace apenas cuatro meses. El dúo londinense despachó a gusto un sinfín de ráfagas de ambient en formato completamente deconstruido. Se acompañaron de una serie de imágenes que ilustraban la devastación, sin duda un complemento imprescindible para su propuesta. Tras ellos llegó uno de los platos fuertes de este año. Kraftwerk regresaban a Sónar quince años después de su histórica actuación en el Pavelló Esportiu de la Mar Bella. Su espectáculo en el fondo no ha variado demasiado desde entonces. Volvimos a ver el mismo fondo de imágenes para algunos temas como “The Model”. Eso sí, para la mayor parte del espectáculo prepararon una serie de imágenes para ser disfrutadas con gafas 3D. En una actuación que duró casi dos horas dieron un buen repaso a sus grandes hits –memoria sonora del siglo XX- y también interpretaron alguno no tan conocido como “Vitamin”. Los de Düsseldorf, con Ralf Hütter como único miembro original en activo tras la marcha de Florian Schneider en el 2008 convirtieron con sus himnos atemporales –“The Robots”, “Man-Machine”, “Numbers”, “Computer World”, “Autobahn”, las dos versiones de “Tour de France”, “Radioactivity”…-. Bat For Lashes en la otra punta del recinto de la Fira 2 por contra ofrecieron una actuación menos lineal, en el que los instrumentos orgánicos (violoncelo, batería, guitarra…) se combinaban perfectamente con la parafernalia digital.

Al norteamericano Baauer, le importó bien poco que su escenario se medio vaciase tras el concierto de Kraftwerk. El suyo fue un set killer –por no decir terrorista, como su mundialmente conocido “Harlem Shake” y poco a poco fue ganando adeptos conforme fue avanzando la sesión. Nicolas Jaar hizo pequeño el escenario de SonarLab –no fue la única actuación en que pasó-. A diferencia de sus visitas previas al festival, esta vez optó por aplicar a su selección de una carcasa mucho más ideal para el baile.