Radio Mondo

viernes, 12 de marzo de 2010

nov6

Escrito por:ljmenendez
06/11/2009 0:12 

Vengo del Teatro Español de ver "El final de este estado de cosas, redux"...

 

Acabo de venir del Teatro Español de ver "El final de este estado de cosas, redux", libre adaptación del Apocalipsis según San Juan por parte del bailaor Israel Galván. El gancho que me decidió a acercarme al estreno era la participación de los sevillanos Orthodox de los que dice el último Wire a propósito de su tercer disco “Sentencia”: “Orthodox una vez fueron una banda de metal, pero se han convertido en algo mucho más grande. A estas alturas todo lo que comparten con el doom o cualquier otro estilo de metal es el sentido de lo espiritual y su búsqueda de la catarsis a través de los ritos”. Nadie es profeta en su tierra… Podéis escuchar un extracto de su tema central “Ascensión” AQUí (estuve haciendo por importar el mp3 para escucharlo directamente en este blog, pero he sido incapaz)

 

En cualquier caso y al margen de lo anecdótico de ver a los tres nazarenos repartiendo tajos de drone sobre el escenario del Español a un público que en buena medida estaba compuesto por señoronas enjoyadas (¡toma gol!), me ha impresionado gratamente el show de Galván. Para empezar porque he sido capaz de disfrutarlo, yo que siempre he estado lejísimos del flamenco y su cultura. Aunque también es cierto que con el paso de los años me he dado cuenta que ese mundo cada vez me resultaba más misterioso y, con ello, atractivo. En cualquier caso, "El final de…" y por lo que he leído todo el trabajo de Galván, supone una renovación absoluta del baile y la música flamenca en busca de un lenguaje contemporáneo, y de ahí que recurra en un momento determinado a los citados Orthodox o se proyecte un vídeo con el escalofriante trabajo de una bailaora libanesa a propósito de los bombardeos en su país (los estallidos de las bombas y su taconeo se confunden al alimón).

 

Además, todo aquel que me conozca un poco sabrá que entre mis múltiples frustraciones destaca por encima de todas no haber aprendido nunca a bailar. Ay, lo que daría por enajenar a una mujer con un tango, por convertirme Tony Manero en la pista de baile, y hoy, por encima de todo, por usurpar la doliente figura de Israel Galván. Dice él que no tuvo infancia y su padre le impidió fichar por el Betis. Un servidor jugó mucho al fútbol y al baloncesto pero hoy se contenta sacar a las chavalas a bailar pasodobles…. y mal. 

 

La obra creo que se está represnetando en Madrid hasta el domingo. Si pasas y tienes suerte te tocará público habitual del rollo flamenco, que con total naturalidad se salta la etiqueta y frialdad de un espacio como el Teatro Español con constantes "Ole!", "¡Qué arte tienes, Israel!", o mi favorita: "¡¡¡Eres un monstruo!!!". Grandes.

 

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